“Marty Supreme” El sueño americano manchado de una deshumanización voraz

El mundo cinéfilo se llevaba las manos a la cabeza cuando se enteró de la noticia de que los hermanos Safdie dejaban de dirigir juntos para llevar sendas carreras en solitario. Este año se anunciaban los primeros trabajos de ambos y, para mayor sorpresa, ambos iban a ser biopics deportivos. Muchos nos preguntábamos si íbamos a poder averiguar cuál de los dos hermanos era el más talentoso y el que más mano tenía detrás de obras maestras como “Good Time” o “Uncut Gems”. Benny Safdie nos entregaba un biopic clásico y bastante descafeinado como “The Smashing Machine” y Josh Safdie nos ha entregado “Marty Supreme”, una obra maestra esquizofrénica y descarnada que, sin duda, nos resuelve la cuestiones anteriores. Porque “Marty Supreme” tiene todo lo que hacía especial el cine de los Safdie, un cine que recuerda al Scorsese de “Malas Calles” o “Jo, Qué Noche!”. Josh Safdie vuelve a coger a un perdedor con poco escrúpulos y moral y mucha jeta que ira de peor en peor decisión posible para lograr sus metas.

“Marty Supreme” está inspirada en el jugador profesional de Ping Pong, pero prácticamente solo recoge el nombre y la estética de este mítico jugador estadounidense. En la película Marty, un joven lleno de ego y confianza está convencido de demostrar que es el mejor jugador del mundo. Para ello deberá lograr el dinero suficiente para pagarse el viaje a Japón donde se celebra el campeonato mundial. Con esa simple premisa asistimos a un viaje lleno de timos, engaños y artimañas que nuestro protagonista (increíble Timothee Chalamet) irá cometiendo para enredarse en una serie interminable de problemas con todo tipo de personajes.

“Marty Supreme” no deja de ser una fábula esquizofrénica y descarna sobre la realidad del sueño americano, la deshumanización del capitalismo y la ambición desmedida que crean. Una farsa estructurada para que timemos, engañemos, nos arrastremos y humillemos y olvidemos lo realmente importante por el simple hecho de conseguir las migajas que nos dejan o un supuesto éxito personal. 

“Marty Supreme” muestra en cada plano que estamos ante la película más cara de A24. La representación de la Nueva York decadente, el vestuario, la fotografía de Darius Khondji, el montaje adrenalítico y la magistral dirección de Josh Safdie construyen una joya de orfebrería difícil de olvidar culminada por la habitual BSO de Daniel Lopatin y, sobre todo, de un histórico e icónico Timothee Chalamet que demuestra que no solo estamos ante un grandísimo actor sino a un actor realmente generacional. Su actuación llena de electricidad, energía e falta de humanidad y escrúpulos componen uno de los personajes más asombrosos del año. En definitiva, estamos ante una de las obras maestras del año y una de las películas que mejor han sabido captar las mentiras y engaños del un sueño americano totalmente trucado e infectado por un capitalismo voraz y deshumanizante.

Comentarios