Casi 30 años lleva James Cameron dedicando su vida y carrera al planeta Pandora lo que para mucha gente resulta una pérdida del talento del director para otros, como nosotros, es el derecho que se ha ganado uno de los directores más impresionantes de la historia del cine. El director de Terminator 2 y Titanic tiene una filmografía solo ya con esas películas tan inalcanzable para la mayoría de directores que puede dedicar el resto de su carrera a lo que le dé la gana. Así que por eso estamos aquí hablando de la tercera entrega de esta saga “Avatar: Fuego y Ceniza” donde James Cameron eleva todas las virtudes que ya tenían las anteriores entregar, pero también todos sus defectos.
Es imposible no arquear una ceja ante todos y cada uno de los conflictos narrativos que van surgiendo desde el principio de esta tercera entrega y que sirven como motor para que la película avance. Realmente son justificaciones narrativas cero elaboradas y parecen consecuencia de un proceso en el que nadie quiere estrujarse mucho el cerebro. Aún así, en nuestro caso se lo podemos llegar a perdonar porque el único objetivo que tienen en llevarnos a una secuencia más alucinante todavía que la anterior, en las que James Cameron nos explica realmente para qué hemos venido a ponernos las gafas 3D al cine. Pocos directores se me ocurren con un sentido y domino de la puesta en escena y espectacularidad para la acción tan increíble como el que tiene James Cameron. Entre sus las virtudes de esta “Avatar: Fuego y Ceniza” no solo encontramos ese apartado visual, la película introduce una nueva tribu que realmente impone y aterroriza, a la vez que nos muestra un lado más oscuro de los habitantes de Pandora. También hay una gran evolución en los personajes de Spider y Kiri que cada vez van cogiendo más fuerza para las próximas entregas. Y, por último, el personaje de Zoe Saldaña vuelve a ser el más interesante y el que más capas de dolor y debates morales aporta a la saga.
Pero hay una cosa que preocupa bastante y no se puede perdonar de esta “Avatar: Fuego y Ceniza” y es la sensación de que ni el propio James Cameron sabe hacia dónde avanza esta saga. El tercer acto es exactamente el mismo que el de la anterior película tanto en el lugar que se produce como en cómo se desarrollan los acontecimientos. Tras más de 3 horas de película te queda la sensación de que seguimos en el mismo punto en el que empezábamos esta tercera entrega a todos los niveles. Una sensación de que no hay un rumbo establecido para la saga y que estas películas se escriben y reescriben sobre la marcha. En definitiva, “Avatar: Fuego y Ceniza” te da un espectáculo visual superior incluso al de anteriores entregas, pero te deja una sensación de preocupación en lo que al futuro de la saga se refiere.
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